Francamente ´querido´, me importa un bledo*

Amparada bajo una de mis frases favoritas de una película genial como es "Lo que el viento se llevo", basada en la obra de Margaret Mitchell, hoy las llevare a todas ustedes (nuestras lectoras Miel, qué emoción, no?) alrededor de un conjunto de malas historias que nos cuentan una y otra y otra vez...
Qué a que me refiero ahora? Qué si alguna vez hablare claro y me dejare de tanto barullo? Pues no te contesto a lo último como te mereces por la simple razón de que hay una pantalla de por medio, pero a lo primero, y si me lo pides de buenas maneras, claro que te respondo. Me dirijo hoy en especial a todas las que ya están bastante más que hartas de escuchar que sus parejas vengan a ustedes (sí, a ti, la harta; ay, pero qué entendimiento!) a contarles (exclusivamente y nada más que) todo lo que les pasa en sus casas, universidades, trabajos y/ u otros lares; sus glorias y penas como si fueran ellos una especie de loros egocentristas.
Ahora sí estamos todas en la misma señal, no? Ya pues, ahora encaminadas terciémonos bien las carteras y vamos a paso más rápido que me vuelvo vieja de tanto esperarlas.
El por qué existe esa manía de hablar y hablar de nosotros mismos a segundos y terceros a los que o ya no les interesa o les aburre saber lo que decimos con mínima elocuencia, no lo sé; pero es un clásico de la NO empatía humana...y eso que somos sociables, no? Qué incongruencia! Ja!...ejem...pero al final la cosa es que EXISTE y ese es el PROBLEMA!
Ahora, hoy para no amargarnos el ánimo no ahondaremos nada en cuán femenino por esencia sea o no sea este problema, sino en por qué nosotras aguantamos esa cantaleta como estatuas mártires paleocristianas?!!
Porque a la primera vez: "oh, pobrecito!" u "oh, qué genial!", a la segunda vez: "oh, bueno..." o "ah, vaya...", a la tercera vez: "ah..." y a partir de la cuarta: "...". Y es obvio, o no? A nadie le gusta escuchar el mismo disco rayado hasta el cansancio a menos que seas exorbitantemente (y no en el sentido apasionante) raro!...
Y entonces viene la pregunta escabrosa: Cuánto debemos aguantarlo? O debemos aguantarlo? Pues eso depende hija mía de cuán dulce (o tonto) sea el corazoncito que late en tu pecho y de cuánto ames al susodicho (o a otras cosas del susodicho, como dinero, partes nobles..ejem!) narrador de historias.
Pero...como yo siempre soy mala y una completa desgraciada que no aguanta a lelos de medio pelo les digo a ustedes hijas mías que al menos un "Francamente ´querido´, me importa un bledo" de vez en cuando y con muy innobles intenciones no hace daño, y ahora, qué me cuentas de nuevo?
Atte.
Ireth, la chica que está cansada!
* Ésa, brutas mías (no me pisen malvadas! El taco aguja duele!), es la frase que utilizo a mi conveniencia.

